Cafés especiales, un mundo más sostenible

Cafés especiales, un mundo más sostenible

Hasta la llegada de los cafés especiales, el caficultor ha sido considerado como una parte más de la cadena de producción, no reconociendo de forma justa y digna el trabajo realizado con tanta pasión y esmero.

En la mayor parte de los países cafeteros, el café es considerado como un legado que pasa de padres a hijos y no es percibido como un mero producto comercial sino como un alimento que forma parte del arraigo cultural y forma de sustento de las familias.

Los programas de producción de cafés especiales implantados en los diferentes países cafeteros reconocen a las familias caficultoras como el eslabón más importante de la cadena y a la vez más vulnerable (riesgo de pérdida de cosechas por causas climatológicas, plagas y especulación de su valor en el mercado, principalmente).

Es por ello que se establecen programas formativos, sociales, económicos y ambientales.

La ejecución de estos programas lleva consigo una estabilidad social y económica tanto a nivel individual de cada familia caficultora como colectiva de la comunidad de la que es integrante.

Por tanto, los cafés especiales van mucho más allá de sus aromas y sabores excepcionales. Hablamos de respeto a las familias caficultoras y sus comunidades, aumento del nivel de vida, fomento de su bienestar, cuidado por su entorno medioambiental, erradicación de mano de obra infantil.

Y es que cuando el consumidor consume cafés especiales, premia el esfuerzo del caficultor, poniendo en valor, el trabajo y la pasión que hay detrás de la producción de un café de excelente calidad.

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